Wednesday, May 16, 2012

Escribe, escribe

De esos días en los que me da una comezón gigante por escribir, pero como siempre, no me atrevo; por miedo a que lo que sea que escriba no sea lo suficientemente bueno, a que no me guste, a que esto y a que lo otro. Entonces, me olvido de esa idea de escribir y me refugio haciendo otra cosa, leyendo, escuchando música o charlando con alguien, pero hoy fue diferente, hoy ese deseo tan grande me persiguió todo el día y no me dejó tranquila. Sentí ese tan conocido hormigueo alrededor de mis dedos, esas ganas de tomar lo que sea, la computadora, una pluma, una crayola aunque sea y empezar a escribir, y hoy por mas que lo intenté, por mas que traté de huir, no pude, por mas que corría, me encontraba de nuevo. Así que aquí estoy, y como siempre que me decido a someterme a este deseo que me carcome, tengo las ganas y la pasión por escribir, pero nada sobre que escribir, o bueno no, eso es mentira, tengo demasiadas cosas sobre las cuales escribir, pero las ideas me dan vueltas en la cabeza y por mas que intento acomodarlas, no puedo. Siempre es lo mismo, termino  mirando fijamente la página del cuaderno, o el bloc de notas del computador sin saber que plasmar en ese blanco que me quema, que me mira como retándome a que me atreva a hacerlo, a crear algo, lo que sea. Son casi las 2 de la mañana y no puedo dormir porque me corroe ese deseo de escribir.
Ahora que lo pienso, últimamente me ha pasado esto muy seguido, he tenido varios días en que siento como que me dan un codazo en las costillas, o mas bien en los dedos. Es gracioso como sucede, porque empieza en mi estómago, como si fueran mariposas muy pequeñas que revolotean dentro de mí, buscando la salida sin poder encontrarla, entonces van subiendo y se separan al llegar a mis hombros, un grupo toma el camino hacia mi brazo derecho y otro grupo toma el camino hacia el brazo izquierdo, y siguen hasta llegar a mis manos, donde se apretujan hasta sentir como si intentaran salir por los poros de mis dedos. Es entonces cuando no puedo evitar mirar mis manos al sentir ese hormigueo, y no sé, es curioso, porque cuando miro mis manos siento que están incompletas, que me falta una pluma o un lápiz, algo. Hay días en que es diferente, en que no tengo el hormigueo, pero que me palpitan los dedos, como si mi corazón me instara a escribir, como si pensara que al bombear sangre extra a mis manos fuera a hacerme ver que estoy olvidándome de algo, que aún hay algo por hacer.
Quizás es Dios, quizás es Él quien intenta decirme que escriba, nunca lo había visto así pero esa idea acaba de entrar a mí y bien podría ser verdad, ¿porqué no? Sí es que tengo el don de escribir, fue Él quien me lo dio, ¿cierto? Entonces sería natural que me exhortara a ponerlo en práctica.
La cosa es esta, siempre soy demasiado dura. No me perdono un error, si escribo algo y al releerlo suena ligeramente raro o mas bien si no suena absolutamente perfecto, me frustro, lo borro y boto la idea de escribir, sintiéndome como un fracaso. Odio ese sentimiento, me envuelve como sábana, es horrible y hago lo posible por evitarlo, así que por eso no escribo, me evito esa sensación de fracaso y de sentirme que fallé, ¿a quién? No sé, a mí supongo, ya que obviamente nadie mas llega a leer lo que borré. Creo que tengo miedo a que me juzguen, que juzguen lo que escribo, lo que tengo para decir y para compartir. Sí, creo que sí. Me he dado cuenta que muchas veces me escondo de mí misma, no sabría explicar en que consiste o como es que lo hago, pero sé que lo hago. Me alejo de mis pensamientos y mis emociones, los guardo en la botellita de cosas que tiro al mar del olvido que hay dentro de mi, el problema es que la marea de ese mar es traicionera, no se lleva las cosas que le tiro, sino que las arroja de nuevo, vez tras vez, pero yo sigo intentando tirarlas de todos modos. Qué tontería, ¿no? Necesito dejar de esconderme, eso lo sé, pero es mas fácil decir que hacer. Al menos hoy me dejé llevar y aunque el hormigueo todavía no se va, sí disminuyó  un poco, como si me dijera: 'Bueno, te doy chance, pero no creas que se me ha olvidado.'
Debería preguntarle a Dios acerca de esto, eso también ya lo había pensado, pero soy cobarde, le temo a la respuesta, así que evito la pregunta. ¿Qué tal si me dice que sí? Que sí es Él y que deje de esconderme y que empiece a escribir. Yo sé que no suena tan grave pero para mi significaría salir de mi cueva, de mi zona de protección, de comodidad. Me da miedo, a decir verdad, me da pánico.

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